En los sesenta sonaba a cosa resuelta: la religión retrocede, la razón avanza, fin del asunto. Casi nadie la defiende ya en esos términos, pero tampoco ha muerto. Sigue flotando en el fondo de demasiadas conversaciones, sobre todo cuando alguien dice "es que estamos en el siglo XXI" como si eso zanjara algo.
Taylor desmontó esa versión plana en A Secular Age, en 2007. Su argumento no iba contra la secularización, sino contra la idea de pensarla como sustracción. La diferencia no está en cuánta fe hay ahí fuera, como si pudiera medirse. Son las condiciones las que cambian. Si antes no creer era lo raro, hoy ninguna de las dos posiciones puede reclamarse como la apropiada. Ambas piden justificación.
Casanova había dado con una pieza clave antes, en el 94. Public Religions in the Modern World planteaba algo que incomodó a más de un colega: la religión no se fue a lo privado. No cumplió el guion. Se metió de vuelta en lo público, pero ya no como institución con mando, sino como demanda. Como conflicto, muchas veces.
Si Taylor tiene razón en lo primero y Casanova en lo segundo, el problema se desplaza. Importa cada vez menos cuánta gente va a misa los domingos o quién marca "sin religión" en el CIS. La pregunta es otra: qué espacio queda para lo trascendente cuando el Estado gestiona, la ciencia certifica y el mercado llena casi todo el hueco restante.
España tiene lo suyo. La Constitución del 78 no resolvió la relación con el catolicismo. Digamos que la dejó en suspenso. Los Acuerdos con la Santa Sede llevan desde el 79 sin tocarse. Religión sigue en el horario escolar. Cada Semana Santa las cofradías cortan el tráfico. Y sin embargo la práctica religiosa baja, año a año, con especial caída entre los menores de treinta y cinco. Todo eso convive. No se anula.
Entonces: ¿secularización o reconfiguración? La respuesta honesta es que no lo sé con certeza. Seguramente las dos cosas operan a la vez, en capas distintas, y esa falta de nitidez no es un fallo del concepto. Es lo que el concepto es, a día de hoy.
Ars Nuda arranca desde ahí. Desde la resistencia a dar por cerrado lo que sigue moviéndose. Las Ciencias de las Religiones no están para ratificar intuiciones cómodas. Están para obligarte a mirar otra vez.